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lunes, 18 de noviembre de 2013

TELEVIAJES POP - MANOLO ESCOBAR, SONRISAS DE PASODOBLE de CARLOS VILLARRUBIA

Con la sonrisa del pasodoble galante y el ademán del arrebato postinero viene la vida a ofrecernos la suerte de disfrutar con alegría el sendero. Viaje vintage o toque hispanobizarro-no discutiré etiquetas, lo siento-pero en mi también viaja la luna rebelde del barrio universal, el compás de un juguetón cancionero. Sabor-sabor, tocadiscos flamenco, olé-ding dong y cadena dial, disco rojo de los 40 principales. Pero de igual modo teatros, duendes del Paralelo rutilante, ecos del Pasapoga madrileño.Matinales en los cines de las ciudades-dormitorio y espectáculos ambulantes de variedades.Y en la música a pie de calle, sinfonía de villancicos. Campanas de Belén, peces en río y nevadas en el 62-63 por la Avenida Miraflores. Y como hilo conductor, Manolo Escobar.Desde la tele en blanco y negro una voz ya familiar habla de vino y mujeres, de trigos-amapolas y espigas. Era el diario sonoro de la España rural que desembarcaba en las ciudades emergentes. Fantasías populares para un mundo que partía de la escasez pero intuía el cielo abierto del pluriempleo y la movilidad social. Barcelona era territorio interminable para la imaginación.

Todo estaba despuntando más allá del perímetro burgués y de sus obsesiones. Para la altivez del análisis frío el trasunto de copla y alegrías neorumberas sólo significaba un pin de lo populachero y del mal gusto. Claro, alguaciles del arte ensimismado, nunca quisieron sentir desde dentro las raíces de un género a menudo calificado como ínfimo. Runrún molesto para las élites, aspiraciones de inmigración que amenazaban la capilla privada. Sí, se atrevían en la Odisea particular a intentar ascender por las escalinatas del ensueño. El batir de la ropa recién lavada en las azoteas entre el hollín de las chimeneas se convertía en un viaje a las estrellas. Y una lagrimita de sentida añoranza vestía el tortel de los domingos cuando por el patio de vecindad sonaba Madrecita María del Carmen. Lenguaje del cariño que dulcificaba las apreturas. Voluntad, trabajo,afán de superación.Todo ese equipaje se adivinaba en la mirada de Manolo cuando respondía a las preguntas de Conchita Bautista en los musicales made in Miramar.Sonrisas de pasodoble sí, querencia de rumba y aroma de glorietas y templetes con aires de luz y bandas paseando las calles de la memoria.

Triunfo del vínculo familiar siempre arropado por las guitarras y composiciones de los hermanos García escobar. Conozco el repertorio de Manolo y lo canto a menudo con mis primos en las fiestas familiares. Porque también Andalucía me ha acompañado en mi desarrollo como autor y conferenciante. Ya sea en Catalunya o en Madrid o en los rinconcitos de las sinfonolas en Amsterdam o Berlín he podido corear Almería y su hermosa bahía o valorar las flores del cortijo por donde suelen pasear las niñas rumberas.Sin dejar de combinarlos con ensayos sobre Pessoa  o documentales alrededor de la obra de César Vallejo. Quién dijo que ese barajar de géneros era imposible. Cuando en la Facultad de Periodismo de Bellaterra nos acercamos a la semiótica y a los avances de Umberto Eco, gracias a la capacidad innovadora de Miquel de Moragas, empezamos a deshacer el entuerto. La historia entendida como una ecuación económico-social perfecta no servía para encuadrar el viaje libre de las emociones. Afortunadamente no todo resulta esquema.

Así que descansamos por un instante de crónicas sentimentales y vivimos la emoción compartida entre el zoom de Lazarov sobre el escobar neopop y los Cantares de Lauren Postigo, hoy documento indispensable para la historia televisiva. Podemos también sentarnos en la cómoda butaca del cine de barrio y presenciar los simpáticos duelos entre Manolo y Concha Velasco viajando de los clásicos copleros a Algueró o las producciones Belter de los setenta-ochenta.Hilo directo con lo más pop por vía del arte contemporáneo y vanguardista tan querido por Manolo, con las portadas de Antonio de Felipe, a quien dediqué con mi amiga Rosa Perales un libro-catálogo con motivo de su exposición en el Museo de Cáceres. Tiempo de acercamiento y respeto a la obra de Manolo en su experimento con clásicos del poprock  en español como La gotra fría, Sangre española, Chiquilla o versionando el Qué bonito es Badalonade su admirado Serrat.Viajemos pues a la esencia de lo afectivo y que siempre nos acompañe en el mapa de las estrellas ese soplo de alegre ingenuidad, las guitarras con sello García Escobar y la voz de Manolo, educada y galante provocando alguna lágrima en todas las Madrecitas del Universo familiar. Porque sin sentimientos no somos nada y si la vida no se baña de humedad emocional sucumbe en la ley seca de la desolación.Que pase Julio Romero de Torres, la fiesta continúa en las plazas de la concordia con sonrisas de pasodoble.

CARLOS VILLARRUBIA