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viernes, 22 de junio de 2012

AMPARO BARÓ, EL ALMA EN ESCENA


AMPARO BARÓ, EL ALMA EN ESCENA
por CARLOS VILLARRUBIA


                                                Polvorilla, volvoreta, terremoto emocional, Amparo transparenta el mapamundi afectivo con radical entrega. Su voz-levemente aguardentosa, pero acogedora- remueve el silencio para que el foco nunca se despiste y pose su atención en las corredoiras del alma. No es necesario correr en estampida, gritar acaloradamente, la presencia de la actriz interioriza todos los vaivenes de las telas de araña que nos envuelven como en "Agosto". Pasa de la comedia al drama con naturalidad sin caer en lo hsitriónico porque -como me contaba Jerónimo Mihura, hermano de Miguel- Amparo se movía por la tradición del humor enamorado y absurdo como por sus propia casa. Mihura, Jardiel Poncela o Juanjo Alonso Millán, a quien frecuenté en los despachos de la SGAE y en mi época de Madrid-Costa Fleming-Padre Damian están en la biografía de Amparo con interpretaciones inolvidables en cine, teatro y televisión.No es extraño que en su madurez encuentre la máxima popularidad en series como "7 Vidas" , a la vez que presente registros de personajes inquietantes en "El internado". Amparo entró en mi memoria visual gracias a Adolfo Marsillach y Jaime de Armiñán, en la televisión de blanco y negro que transitaba del Paseo de la Habana a Prado del Rey. Novelas, series, telecomedias de las que tanto me hablaron Elena Santonja, María Asquerino, Julita Martínez o Agustín González. Adolfo Marsillach me relató, a la orilla de Salesas, su lucha de aquella época por elevar el nivel de un formato nuevo en la España de los sesenta-setenta. Gracias a Adolfo a Jaime o a mi antiguo director y siempre amigo Luis Calvo Teixeira, con quien compartí tantos viajes televisivos en "El arte de vivir" y en "Por la ruta de los vientos", la tve adolescente creció con buenos mimbres, incorporó toda la tradición de la sabiduría teatral a los platós, creó escuela y favoreció el crecimiento de actores como Amparo Soler Leal, Pepe Martín, Mónica Randall, María del Puy, Tina Sainz, Manuel Gallardo, Venancio Muro, Emma Cohen, Julieta Serrano, Manuel Aleixandre, María José Goyanes, Luis Morris...nombres que compartieron habitualmente reparto con la joven Amparo. Porque nada nace por generación espontanea, todo es fruto de una tradición y no se improvisa en un concurso-rompeolas. Los actores que amanecieron en aquella época venían de la escuela teatral, como Baró desde sus tiempos del Windor barcelonés. Sabían proyectar la voz, entendían el arte de escuchar y, sobre todo, estaban en continuo contacto con los autores y directores, creando un tejido cultural que hoy ha desfallecido. Cuando en el bus de subida a Apolonio Morales, a las reuniones.fiesta en casa del pintor y escritor Ginés Liébana- me encontraba como Manuel Aleixandre toda la hsitoria emocional del espectáculo saltaba en nuestras conversaciones. En sus ojos vivarachos- tan gemelos en el entusiasmo con los de Amparo- vivía la experiencia y la ilusión del niño, la capacidad de sorpresa por conocer y sentirse reconocido en los caminos de la sabiduría. La vida me ha regalado la suerte de conocer y compartir vivencias con nombres ilustres de nuestra cultura, Antonio Gala.Paco Nieva-Buero Vallejo-Umbral... en las charlas informales siempre surgió el aplauso para los cómicos de rompe y rasga, para los que ponen el corazón sobre la mesa, para quienes enarbolan la bandera de la vida sin amarguras, sin retrancas ni ruidos catastrofistas. Allí-como en las deliciosas comedias de Alfonso Paso, como en las reviravoltas humorísticas de Jardiel. Allí, como en los cuadros intensamente emocionales y costumbristas de Armiñán, como en la elegancia de Neville o el desparpajo cómico de Alonso Millán, vive la memoria activa de Amparo Baró, el alma en escena, un volcán de energía emocional en la historia del espectáculo.